¿Sabes cuánto vale un minuto de mi atención?

Perdona que hoy tenga que empezar con una obviedad del tamaño de Australia: elegir el momento lo es todo si pretendes venderme algo.

En Madrid he visto hace poco varias campañas de captación de ONG en lugares y momentos que no comprendo y que a mí me parecen elegidos por el enemigo: muy avanzada la tarde, en hora punta de regreso a casa desde el trabajo, en estaciones de Metro (Acción contra el Hambre en Gregorio Marañón) o de Cercanías (ACNUR en Nuevos Ministerios).

Me dan pena esos chavales jóvenes a los que algún genio ha puesto en mitad de la estampida humana armados sólo con un chaleco, una carpeta, una cara de no haber roto un plato y un “¿tienes un minuto?”. Los han soltado en primera línea sin casco. Y vaya preguntita: ¿tengo yo un minuto… para ti y tu jefe?

Cortesía de Rennett Stowe

Pues si tengo que contestar… no, no lo tengo. Verás, ya colaboro (o no) con quien me da la gana (o con nadie) y no es una decisión que haya tomado o vaya a tomar de camino a mi casa. Y no, después de un día largo y no siempre fácil, no tengo un minuto para ti. A algunos nos queda aún una hora de camino de vuelta, a otros incluso más, y queremos hacer el trayecto cuanto antes. La vida en ciudades extensas como Madrid obliga a tasar el tiempo y no puedo coger cualquier metro o cualquier tren: si pierdo el próximo no llego al gimnasio o no llego a tiempo de dar la cena a mis niños, o cualquier otra cosa que está en el número uno de mis prioridades vitales. Una lista en la que no estás incluido tú, ni la bienintencionada organización que representas y que pretende que le dé dinero después de interrumpir mi viaje de semejante forma.

Vale, estarás leyendo esto y tal vez pienses que estoy siendo duro con el chico del chaleco. O poco altruista, o insensible. Espera, es un simple análisis de una acción de venta (o de captación de valor, si prefieres) mal planteada. No es culpa de los muchachos que ejecutan la campaña, claro. Creo que alguien -léase Gran Jefe Que Mucho Sabe- los ha enviado sin hacerse las preguntas que yo me haría y que considero básicas.

A saber, ¿él y yo -vendedor y comprador, al fin y al cabo- nos conocemos de algo? ¿Puede fingir que le debo algo tan valioso como mi tiempo sólo porque representa a una organización supuestamente limpia? Habría que explicarle a esa alma cándida que mi tiempo, mi minuto, lo están pagando a onza de oro en la tele, sin garantías de que no haga zapping o me vaya al baño. Sobre todo, ¿alguien se ha parado a calcular lo que valen para mí 60 segundazos al final del día? ¿Alguien se ha planteado qué haría falta para convencerme de que me desprenda de ellos y simplemente dé a un desconocido la oportunidad de soltar su discurso?

En definitiva, curiosa estrategia la de querer captar socios o donaciones en esos sitios a esas horas. Veo poca gente que se pare. Yo no lo haré. ¿Y tú?

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¿Sabes cuánto vale un minuto de mi atención?

One thought on “¿Sabes cuánto vale un minuto de mi atención?

  1. Tenías que ver los que hay en Plaza Castilla intentando robar un segundo del tiempo de la avalancha de personas que bajamos de los autobuses. Yo también creo que está mal planteado. Que me ofrezcan una degustación de queso en el súper lo veo coherente; si me informan de una tarjeta de fidelización de la tienda en la que estoy comprando, es más que acertado. Pero frenar el ritmo de los viajeros en plena red de metro, es una pérdida de tiempo para el encuestador, para el viajero y para la marca. Y el tiempo vale dinero!

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