La paradoja de Cooper

Los freaks y el storytelling (la narración, vaya) comparten una característica básica: siempre han sido importantes, pero hace poquito que están de moda para el gran público.

Mezclando ambas cosas, me propongo realizar un experimento: demostrar que un capítulo de The Big Bang Theory puede ser el mejor vehículo para enseñarle a más de un colaborador cuál es la importancia de la comunicación. Sobre todo para quien no trabaja en nada relacionado ni remotamente con ella.

Me refiero al capítulo The Benefactor Factor. Los científicos protagonistas son obligados por su jefe para que acudan a una cena con potenciales donantes de su universidad. Ellos no quieren y sólo acuden a regañadientes. El que más se resiste es Sheldon Cooper.

Cooper comete un error que nos aqueja a todos en algún momento: cree que su deber consiste en hacer bien su trabajo, no en conseguir que otros lo comprendan… Entenderlo es un esfuerzo que deben hacer los demás. De todos modos le parece una pérdida de tiempo; cree que su actividad es tan compleja que sólo ve dos clases de personas:

  • Los que pueden entender su trabajo ya lo hacen.
  • Los que no lo entienden no lo conseguirán nunca. A esos es inútil explicarles nada.

Finalmente, su amiga-no-novia Amy Farrah Fawler le convence con un argumento contundente: si no ayuda a convencer a los posibles mecenas, tal vez ese dinero acabe financiando otros proyectos mucho menos necesarios para el planeta (¡o incluso algo artes liberales!). Y sí, el bueno de Sheldon hace el sacrificio de acudir a un evento social… porque entiende que es una parte fundamental de su trabajo.

Creo que el error de Cooper no sólo es frecuente sino que es relativamente comprensible en trabajadores de alta cualificación. Todos hemos sentido alguna vez que nos llevaría tanto tiempo explicar el cómo y el porqué de una decisión que hemos recurrido a argumentos manidos y sin valor. Sobre todo, hemos tenido la misma pataleta que el Dr. Cooper: ¿Para qué explicárselo a personas que no tienen la formación adecuada para entenderlo? ¿Es mi trabajo conseguir que otros sepan lo que yo hago? Pues… un poco sí. Porque, como le ocurre a Cooper, la misma continuidad de nuestro trabajo -o la disponibilidad de los recursos adecuados- puede depender de que nos hagamos entender.

Poneos este capítulo cuando caigáis en esos errores o un colaborador vuestro lo haga. Son sólo 20 minutos y, además de todo, también se ríe uno 🙂

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